felicidad y dicha, perfectamente actuadas.
condescendencia propia, muy fácil de asumir.
girando va imparable la rueda de la vida,
sin dejar de entregarle lo que ha de recibir.
pero hay momentos raros, llegan sin esperarlos.
no llaman a la puerta, irrumpen desde el fin.
jalonan nuestras fibras, gemimos cual violines.
y con mil volteretas gritamos ¡libre al fin!
que calle el mundo entero para escuchar su risa,
fingida o no fingida a todos les da igual.
montones de experiencias, jolgorios excitantes.
lejos de su cabeza pensar en el final.
y giran las agujas, se callan instrumentos.
vienen los tropezones para poder entrar.
mutismo absoluto, las almas dormitando,
ahora cierra sus ojos para unirse al compás.
maldita sea la noche ingratamente experta,
que obliga a esos ojos mirar el interior…
en esa oscura alcoba puede escuchar su risa,
y en medio del silencio el eco de su voz.