Petite mort

me conoce a plenitud, sabe de sobra que estando así no hay objeción, que en la parcela delimitada por mi clavícula y mi oreja pierdo todas las batallas de sensatez y dominio propio.

un, dos, tres por su lengua, que está detrás de mi cuello, y por su nariz que aspira con gusto el olor de mi pelo.

y sus manos, ah! tan diestras en cada recorrido, exactas, precisas; apretando y soltando, deslizando y rasgando, sosteniendo, conteniendo, provocando…

me abandono, a su antojo, hasta llegar al instante en que su lengua húmeda y tibia, con la que da inicio a todo, juega a disolverse en la cúspide de mis piernas, mi cuerpo entero se estremece, se dobla como un arco, mis ojos cerrados, mis nudillos rígidos que se aferran con fuerza a la sábana mojada, y en el interior de mi cabeza chispean y se arremolinan sensaciones coloridas…

inhalo, exhalo, suspiro entrecortada, tiemblo, bramo, gimo, maldigo.

* ESTALLO *

~ F L O T O ~

elevada por la más exquisita droga

.

pasan los segundos, lentamente abro los ojos, el reloj da las 4:28 p.m., afuera ladran los perros y las gatas juegan sobre el tejado.

adormecida, recibo su beso, sopla mi cuerpo perlado de sudor y duermo un rato… Ya habrá tiempo para ir por el helado de domingo en la tarde.

Árbol nube

te impregna el frío,
llueves a cántaros silenciosamente,
eres sombra y refugio,
más a ti nadie te abriga.

estás solo,
y en lo lejano me pregunto,
si piensas acaso en esa niña
que fue feliz tantas tardes junto a ti.

¿me extrañas árbol nube?

porque yo sí lo hago,
y una parte de mi alma
escapa en sueños repetidamente
para volver a estar cerca.

ten la certeza de mis abrazos, desde lejos…

Caleidoscopio

los ojos cerrados,
mis huesos en reposo,
caleidoscopio en marcha.

me invita
a un laberinto cilíndrico,
me rehúso a entrar.

-abro los ojos, todo esta oscuro-

¡caleidoscopio detente!
deja de abrir tus fauces coloridas.

peleo en vano,
me engulle,
caigo en su interior.

resbalo y choco
con los espejos,
reboto entre los cristales.

rojo, azul, violeta, verde,
amarillo, sobretodo amarillo.

trato de dormir,
lo necesito,
pero no puedo.

desisto.

trato de llorar,
no sé si lo necesito,
pero tampoco puedo.

Peces

Los ríos afloran en cualquier lugar de la casa, basta imaginarlos para que el agua cristalina empiece a brotar de la tierra. Lentamente van llenándose las habitaciones, primero se te cubren los talones, luego las rodillas y en pocos minutos empiezas a flotar.

Entonces, puedes ver peces coloridos, que se mueven con gracia y agitan sus delicadas aletas, similares a un velo que danza con el ritmo del viento.

Y nadas y te reconfortas, y no te preguntas a qué hora va a escaparse el agua por las ventanas y las puertas… Flotas y avanzas, flotas y respiras, flotas y sigues la trayectoria de los graciosos peces.

¿¡Qué pensarán los peces que nos ven flotando, cubiertos de ropa y sacando la cabeza cada tanto para poder respirar!?

No lo sé, pero me gusta pensar que se ríen de nosotros…

Azul

¿Vas a esperarme príncipe azul?

Hazlo, te lo pido, cada día me acerca más a ti.

Y yo espero ansiosa para entregarme completa, sin miedo, con todo el amor que desde siempre te he tenido.

Prometo que será un deleite estar cerca, daré todo de mí para disfrutarlo como nunca, para llevar esos recuerdos al lugar supremo de mi alma; donde no mueren, ni morirán jamás.

Si tú me esperas con tu magia, yo prometo no tardar demasiado y, que una vez sean muchas más.

¿Vas a abrazarme en la ventana mientras me dejas respirar la frescura de tu ser infinito?

«Si tú me dices ven, lo dejo todo.»

Respuesta

sentimientos en contraste,
que resultan tan opuestos,
tan distantes,
tan profundos.

pasa el tiempo,
lloro,
y me pregunto
¿qué pasa adentro?

entonces,
la respuesta llega
encadenada a una lágrima
que rueda fugitiva:

sigo siendo un alma rota.

por eso,
cada tanto,
otra vez, me

des
mo
ro
no
.
.

Marejada

Insaciable la mente cuando se propone ahogarnos en recuerdos, cuando interroga por las promesas rotas, por las palabras que regresan y golpean como olas, que se rehúsan a morir ahogadas en el olvido.

¿Has visto lo precioso que es el mar en tantos lugares del mundo, con sus amaneceres y ocasos, contrastes y movimientos?

Lejano pensarlo como marejada; golpeando y destrozando con furia colosal, inamovible a compasión por lo que encuentra a su paso, y al final en reposo, cubierto de despojos irreconocibles que flotan en la superficie.

¿quién puede consolar tal desolación?

¿dónde están las palabras que infunden aliento al alma?

¿quién tiene oídos para oírlas?

¿y quién es tan dueño de sí, para retenerlas?

Todos somos, o fuimos, el mar de alguien. Y, a su vez, todos llevamos adentro un mar propio, salado, que muchas veces no cabe en el alma; se rebosa y se desborda por las ventanas del cuerpo, como una manera de hacer esas preguntas reiteradas que no tienen respuesta, que ya no le importan a nadie más que a uno mismo.

Compuerta

¿dónde fueron las aguas,
las saladas y en verso?
se cerró la compuerta,
no hubo más que llorar.

se perdió casi todo,
pero nunca su esencia.
valió toda dolencia,
para al fin respirar.

entre llantos y penas,
y la risa perdida.
desde el fondo del alma
la compuerta cerró.

está mirando el Cielo,
que se cubre en colores.
abandona su peso,
el verano llegó.