Aprender a parar.
Entender y, sobretodo, aceptar que se sigue creciendo en la pausa.
Todo eso que me hace sentir viva y me reta, también requiere quietud.
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El lago vuelve a verse cristalino, gracias a la calma.
Ceder más a esa frase, que tanto se dice, cada día trae su propio afán. 🪻