Aprender a parar.

Entender y, sobretodo, aceptar que se sigue creciendo en la pausa.

Todo eso que me hace sentir viva y me reta, también requiere quietud.

.

El lago vuelve a verse cristalino, gracias a la calma.

Ceder más a esa frase, que tanto se dice, cada día trae su propio afán. 🪻

Me adeudo el tenerme fe. Llevo mucho tiempo viviendo así. Y duele, porque sé que no es justo conmigo y con el amor con el que hago lo que disfruto, lo que me da calma.

Desde hace días viene naciendo en mí una certeza: la clave de la salvación de mi alma, es seguir pedaleando.

A fin de cuentas, existimos por el movimiento. 🌱

Me dejé caer.

Me dejé habitar, y habitarme.

Me dejé geminar.

Tocó el agua a la semilla.

No hay vuelta atrás. ❤️‍🔥

Todo paso suma, intento recordarme eso más seguido. 🌱✨🎍

Trabajarle al sueño. Trabajarle duro, con ganas, con pasión, con amor.

Imposible que algo bonito no crezca cuando esas cosas se juntan. ❤️‍🔥🪡

A mi corazón, que a veces es una braza luchando por no apagarse y a veces es una llama casi perenne.

Bendito eso que nos salva. ❤️‍🔥

Aprender a

No sentirnos mal por apagarnos de vez en cuando. Hermosamente lo dijo Cortázar: Así es la vida, un constante querer apagarse y encenderse.


No sentirnos mal por reposar. Muchas veces, como en este instante, llueve con mucha fuerza. Y no hay mucho más que podamos hacer, sólo parar.

A veces, seguir avanzando implica quietud. Y, en ese silencio, escuchar.