Soliloquio

cae una hormiga, negra y diminuta, sobre la inmensa superficie líquida, fría. El viento la empuja y se desliza, como quien patina sobre una pista de hielo.

¿le dolerán sus patitas, tan frágiles y pequeñas?

¿cuánto tiempo pasa, antes de que una de esas patitas rompa la película milagrosa que le permite permanecer por fuera del agua?

¿cuánto tiempo más pasa, para que las otras cinco patitas hagan lo mismo?

¿acaso siente pánico ante el inminente hundimiento?

¿emite algún sonido, inaudible a mi oído humano, para pedir ayuda?

¿verá pasar su vida, de hormiga, frente a sus ojos?

¿cuántos minutos, horas, o segundos, deben pasar para que muera ahogada?

¿me ve, viéndola remar con sus patitas?

¿me agradece cuando la saco, con la punta de mi dedo?

¿a dónde va, después de secar su carita mojada?

cosas que nadie se pregunta…

Pugna

dividida el alma, en dos mitades;
a un rincón se escabulle
el pedazo que hondamente padece.

hasta allí la sigue
el que con fuerza le recrimina.

No hay consuelo en días así…

Corriente de resaca

me dejo llevar, movida por esa melancolía que fluye desde mis grietas más profundas. Abrupta, se abre camino por el compendio de mi existencia. Evito protestar o rehusarme; batallar contra ella es inútil y doloroso. Por eso, la recibo con calma, me someto y la abrazo.

aprendí esto con el paso del tiempo, y pensando en ello, recuerdo algo que leí hace mucho:

en el mar, las corrientes de resaca son cúmulos superficiales de agua que llegan a la costa y retroceden con fuerza, abriéndose camino para volver al interior; por ende, todo lo que flote a su paso es engullido y arrastrado decenas de metros, en contados segundos. Para evitar morir ahogado, y contra todo instinto de supervivencia, es menester dejarse arrastrar; conservar la calma y mantenerse a flote todo el tiempo que dure el movimiento. Cuando disminuye la velocidad, se debe nadar hacia la derecha o izquierda para encontrar el oleaje que devuelve a la playa.

consigno mis recorridos, a la luz de las palabras, escribo para mí, para tener un lugar, al menos intangible, al que pueda regresar sin arriesgar más que el dolor ya vivido… Una playa que me diga: estás a salvo.

Desamarrar

entonces, entendés que no sos necesario.
y duele mucho, pero está bien. No es culpa de nadie. Bueno, al menos no es culpa de quien no te necesita. Quizá es un poco tu culpa; por alimentar tu propio deseo de llegar a ser algo en la vida de ese alguien. 

pero en esa medida tenés que entender, y de paso, aceptar que todos, sin excepción, somos fluctuantes, que los sentimientos no duran pa’ siempre y que no hay contratos, ni obligaciones en eso que llamamos amor, cariño o amistad.

y hay que aceptar, que si las cosas no nacen de la espontaneidad, no se pueden forzar. Porque al hacerlo, salen al mundo como un aborto, sin vida, sin latidos, sin oxígeno en los pulmones pa’ renovarse todos los días, y crecer alimentadas de la reciprocidad.

y en ese ir y venir, vas cediendo, y empezás a desamarrar del alma las cosas que alguna vez quisiste sostener pa’ siempre, las dejas libres pa’ no asfixiarlas con sogas hiladas de ‘buenas intenciones’.

mueres un poco, cada vez que llegas a éste punto. Pero al menos evitas la muerte de eso que amaste.

Vigía

Alma, de un lado caen las hojas,
del otro crecen las flores.
luego caerán las flores,
pero crecerán las hojas.

y así la esperanza,
sin que se le invoque,
o sin que se le note.
hace su trabajo, en silencio.

Qué fue

Alma, detente.

ya que tanto contemplas el pasado,
dime ¿qué fue lo que perdiste?

¿lo que ya no te acompaña,
más que en el recuerdo?

¿cuánto de eso fueron sólo suposiciones,
apariencias y expectativas?

¿cuánta liviandad da a tu ser
el haberlas perdido?

¿cuántos universos nuevos y distintos
te intrigan ahora?

¿cuántas respuestas florecieron a tus pies
y hoy te llevan de la mano?

¿cuántas voces nuevas narran cuentos
fantásticos en tu cabeza?

¿cuántos lunares y pecas te descubriste
ahora que te observas?

Dime Alma,
¿sigue siendo tan grande
eso que perdiste?

Cura

Alma, antídoto para el vacío, entendido como desazón, es llenarse de otras cosas, de otra gente, otros lugares, otros sueños, otra música, otras películas, otros hábitos, otros miedos, otras metáforas, otras preguntas.

mudar, dejar, girar, soltar, migrar.

propagarse, adueñarse, asumirse.

encontrar la llave o derribar la puerta, para ser traspasados por la verdad inmensa del ahora, del aquí.

y punto, y nada más.