Espejos

hay almas que son espejos. Y espejos hay tantos como se puedan imaginar.
Pasamos frente a ellas, y los nudos de nuestra propia alma nos halan, nos obligan a detenernos.

algo nos habla, desde el silencio, desde el vértigo que supone estar frente al abismo líquido.

Pensamientos circundantes

Alma, no conozco nada más rebelde que la naturaleza.

¿quién estuvo antes de que ella fuera y quién estará después?

la forma en que se abre paso y coloniza: el musgo, por nombrar un ejemplo.

incluso, si se quiere, las hojas secas de los árboles, movidas por el viento, recorriendo los caminos.

las ramas que se cuelan por la ventana del tren y abofetean la cara de niños desprevenidos.

flores amarillas, que brotan de ramas secas.

hongos que se esparcen, sobre los troncos «muertos».

el pequeño y, a la vez, valiente hilo verde que sale de una lenteja olvidada en un rincón húmedo de la cocina.

Cosas

hay cosas que, en unísono con el tiempo, se despliegan, se estiran, como un gato que despierta tras una tarde entera de sueño.
se estiran las cosas adentro y echan raíces silenciosas que abrazan, a su vez, más cosas de las que, muchas veces, quisiéramos.

¿qué quieren de nosotros, que no tengan ya?

Permiso

un alma brota,
se asoma tímida.

posa sus manos
en el marco de la pupila.

primero una,
luego la otra.

como el niño que llega
a la puerta abierta
del cuarto de su madre;
a pedirle permiso,
para salir a jugar.

tienes permiso,
alma mía.

aviéntate a la vida,
merodea en ella.

con más preguntas,
que respuestas.

sin timidez,
sin dilación.

Abandono

no tiene planes,
como yo.

nadie le espera,
como a mí.

le miro, sin que me vea.
Me pregunto: 

¿qué tan de frente
le increpa su soledad?

y más aún,
¿le presta atención?

¿se le atraviesa 
en la trayectoria 
de lo que ahora mismo 
ven sus ojos desorbitados?

¿alguna vez fue (será) feliz?