Me gustan las caricias porque nacen de la ternura.

A Tere le gustaba acariciar. Cada que me acercaba, ella guardaba mi mano pequeña entre la suya y le daba palmaditas suaves. Voy olvidando cómo nos mirábamos, pero recuerdo la tierna honestidad de sus manos, la calma de conversar.

Me gustan los animales, la infinita calma que me regala poderlos acariciar.

¿Qué consuelo hay para los que decidieron ver el amor como algo desechable?. Si no sirve a la primera, se rechaza.

Si talla un poco, al adaptarse, es más barato tirarlo y buscar uno distinto.

Pasar por el fuego; aprobar lo que resiste.

¿Qué les queda a los que no le permiten al amor moldearlos, con el tiempo y dolor que eso implica?

Que el amor los consuele, a pesar de todo.