¿Puedes ver las mariposas? Son muchas. Todas están muertas.

Una sobre otra, se aglomeraron en el sótano de una promesa que ya nadie recuerda. Sus alas, transparentadas por existir más de la cuenta, perdieron el terciopelo de colores que se parece a la vida.

Y el tiempo va goteando, escurriéndose entre los anhelos que alguna vez nos hicieron sentir vivos. La melancolía se filtra, abriéndose paso sigilosa y decididamente en el espíritu. Sin mediar palabras, sin pedir permiso.

La felicidad es escurridiza en estos días, cuando realmente a nada ni a nadie puedes llamar hogar.