Voy dejando que las cosas se asienten en mí, lo suficiente para que tomen forma. A veces no lo hacen.
El deseo vano de abarcar, que tanto cansa.
Tal vez sea más adecuada la renuncia; dejar que las cosas, lo que consigo traen, sucedan a través -a pesar- de mí.
Contemplar(é), cada que el alma y la mente acuerden una tregua.