La imaginación, jugueteando con los opuestos, origina posibilidades -lugares- imposibles pero visualmente entrañables…
La luna, por nombrar un ejemplo claro, si no el más claro, nos sorprende en lo lejano; va asomando entre dos montañas, como una pequeña y redonda lámpara que, aunque refulge, solo tiñe las cosas de esa tímida luz gris azulada.
Los enanos y frondosos bosques formados por musgos, que aunque diminutos, dejan apreciar su tierna exuberancia.
Y así cada cosa, que regala la contemplación.