Un descuido…
¿Veinte?, ¿cuatro?, ¿quince?
¡Mierda!
Se abre, infinito, un abismo en el alma al ver abierta la puerta de la calle. En las sientes choca, con violencia y en todas las direcciones, una pregunta:
¿Por cuánto tiempo ha estado así?
Correr, sin el corazón en el pecho, sin sangre en las piernas, como cuando se imagina lo peor… Buscar, mientras se suplica, que todos los animales estén duermiendo o jugando con candidez al interior de la casa.
…
Dejar que el alma se reincorpore y respire, entre los dedos que aflojan…
Estar a salvo, porque ellos lo están.