Un libro

Quiero una lectura que me obligue a serle infiel a todas las demás, ese libro que no quiera soltar, en ningún momento. Que sea tiernamente imprudente y me obligue a leerlo en horas laborales, evocando la sensación que era abrir a escondidas la bolsa de confites que papá guardaba con llave en su armario.

Un libro que me envuelva y me lleve a meditar, flotar en él, mecida en sus fragmentos, como si fueran hamacas.

Un libro que leerlo se asemeje al goce de reposar cómoda, una tarde cualquiera, en la tibieza serena del sol y que, como el viento, inquieto, llene de risas mis cabellos.

Un libro que no me abandone, que converse y adormile las dudas que regresan cada noche. Que se siente conmigo en mi juego favorito del parque, ese que se mueve adelante y atrás; al empujar con los pies y las manos.
Que, desafiando el tiempo y los embates que consumen la memoria, sea el pensamiento último acompañando mi carne antes de morir.

Un libro que ronronee cuando se dé cuenta que ya nada de lo previsto me hace reír.
Que sea mi vehículo, mi divagar continuo, mi camino conocido y recurrente cuando sólo soy una autómata.

Una historia que me conmueva, que me jale el corazón, desde el pecho hasta el piso de mis entrañas.

Y aquí me detengo, porque intuyo y temo que de algo así no hay retorno.

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