un alma brota,
se asoma tímida.
posa sus manos
en el marco de la pupila.
primero una,
luego la otra.
como el niño que llega
a la puerta abierta
del cuarto de su madre;
a pedirle permiso,
para salir a jugar.
tienes permiso,
alma mía.
aviéntate a la vida,
merodea en ella.
con más preguntas,
que respuestas.
sin timidez,
sin dilación.